• Ayi Turzi

¿El hilo invisible?



El hombre invisible (2020) toma una vieja figura y la actualiza desde dos enfoques: el tecnológico y el de género, en el sentido social de la cuestión. Es la historia de Cecilia Kass (Elizabeth Moss), quien decide huir de Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen) su pareja violenta, quien la tiene prácticamente prisionera. Vive un corto período atormentada, sin poder salir a la puerta de la casa de los amigos que la hospedan, hasta que recibe la noticia que su abusador se suicidó. Tom Griffin, el hermano del difunto que es también su abogado, la contacta pues ella estaba en el testamento y ahí comienza una nueva pesadilla: el acoso y maltrato de una persona que no solo no puede ver, sino que nadie le cree que está ahí: un vengativo Adrian invisible.

Si bien la propuesta se ubica de lleno en la intención de explorar el derrotero de una mujer destrozada que cuando pensó que se había librado de su abusador se encuentra frente a una amenaza mayor (y logra climas increíbles, es innegable), me llamó un poco la atención el modo en que la película elige contar los hechos, dónde focalizar, qué información mostrarnos y cuál darnos mediante el diálogo, como si detrás de una mascarada de empoderamiento femenino escondiera una serie de indicios para que dudemos quién es la víctima real. La empecé a pensar un poco y encontré ciertos elementos que servirían como argumento a quien quisiera manifestar que la verdadera artífice de todo es Cecilia y negar su carácter de víctima genuina. Quizás mi lectura es exagerada y peque de paranoica, lo sé, pero a veces está bueno desconfiar de todo primero y poder sacar una conclusión un poco más global.

Me explayo al respecto:

Adrian nos es presentado durmiendo, mientras Cecilia organiza todo para escaparse de la casa. En esta secuencia sí nos dan indicios de que el hombre puede ser en efecto un violento controlador: tiene un laboratorio tecnológico con varias posiciones de trabajo en su garaje (podemos inferir que el equipo que trabaja para él lo hace en su propia casa ¿qué mas controlador que eso?), su perro tiene un collar con algún tipo de dispositivo rastreador y cuando ella logra subirse al auto de su hermana para huir, él no duda en correrla y romper la ventanilla con su puño. Con esa presentación no caben dudas quién es la víctima y quién el victimario, pero esta construcción tan clara se va cayendo conforme pasan los minutos. De aquí en más el relato se ocupa de incluir dos elementos de los cuales puede agarrarse cualquiera que quiera dudar del relato de Cecilia: ella comenta, por encima y sin entrar en detalles, que estaba siendo violentada por Adrian. En esta instancia, lo que dice, ya sea verbalmente o si lo hubiera hecho en modo de flashback, es SU VERSIÓN. Distinto hubiese sido si la narración nos mostraba un episodio de violencia. Siempre (y podemos poner mil ejemplos, como Los sospechosos de siempre) que un personaje relata puede estar mintiendo, pero muy rara vez el relato es falso si lo cuenta “el narrador” de la película. Si había una posibilidad de empujar al espectador a dudar de su relato, era ponerlo en boca de ella misma.

Y, si tenían ganas de poner en tela de juicio su verdad, un excelente argumento para correrla del lugar de víctima es que accede a cobrar la parte de la herencia que le corresponde, dejando una pequeña grieta donde quien quiera dudar de ella puede preguntarse "¿y si tanto quería salir de la vida del tipo por qué acepta la plata? ¿estaba con él por su dinero nada más?"

Otros pequeños elementos colaboran para que podamos entrever un relato que sigue replicando relatos donde la mujer es puesta en duda todo el tiempo. En la primer confrontación con el abogado, junto a su amigo James, que además es quien la hospeda, éste le pregunta cómo no le avisó, desconfiando de sus capacidades para hacer frente sola a la amenaza. Y si la miran con esto en mente, aprovechando que está online, van a encontrar muchas cositas más.

Véanla y saquen sus propias conclusiones. En lo personal empaticé con la situación de Cecilia de entrada, pero me pareció que requiere del espectador un esfuerzo más grande por creerle a ella que por seguir lo que en efecto nos muestra. La pregunta es si está todo planteado para que dudemos de ella como una intención de que nos sintamos en manos de un psicópata nosotros también, o simplemente esconde un mensaje aleccionador del tipo: “si te fajan y te escapás te puede ir peor”.

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