• Ayi Turzi

Love, Death, Robots & Magic



Hay que admitir que cada tanto Netflix la pega. Love, Death & Robots es uno de los estrenos que había incluido entre mis esperados del mes (y cuando acierto mis predicciones sobre qué contenido va a estar bueno me encanta regodearme en ello).  Se trata de una antología de cortometrajes con, como su título indica, el amor, la muerte y los robots como eje central. Producida por David Fincher y Tim Miller , son 18 historias realizadas con diferentes estilos, que van desde los 5´a los 17´de duración. La variación en las duraciones es fundamental. No sé si fue algo tenido en cuenta a la hora de concebirlo, pero cuando uno ve una serie cuyos capítulos tienen una duración estándar (40, 45 minutos habitualmente) más o menos interioriza el tiempo y puede llegar a percibir cuánto falta para que el episodio termine. Acá la irregularidad te toma por sorpresa siempre y algunos finales inesperados te desencajan la mandíbula. Como decía antes, las estéticas son de lo más dispares. Desde un 3d tradicional, un 2d cercano al estilo del animé pasando por live action combinado con animación también, generan un mosaico heterogéneo que termina teniendo coherencia: cada parte, por más distinta que sea, se siente como parte de un todo. Y las temáticas, si bien se enmarcan dentro de un lineamiento general, se dejan llevar por los tropos más universales: la venganza en el caso de la luchadora Sonnie en el primer corto (dirigido por Dave Wilson), la posibilidad que una pequeña acción desencadene un futuro radicalmente diferente en Historias Alternativas (Víctor Maldonado y Alfredo Torres) y el instinto de supervivencia ante todo en Mano amiga (Jon Yeo), que de alguna manera remite a Gravity (Alfonso Cuarón) pero con una propuesta interesante de verdad. Hay en algunas historias algo de Black Mirror. Más Black Mirror que Bandersnatch, de hecho: retoma cierta crítica a la tecnología, a la forma en que los humanos nos vinculamos con ella y cómo, combinada con nuestros peores defectos, puede terminar por destruirnos.



Mis cinco favoritos: Historias alternativas (Victor Maldonado y Alfredo Torres). Imaginan una serie de futuros posibles de acuerdo a diferentes variaciones en un día común de Adolf Hitler en la escuela de arte. La animación es exquisita y muy colorida y maneja un código de humor que no deja de escalar.

La edad del hielo (Tim Miller). Es algo que ya vimos, eh, acá no hay factor sorpresa. Me recordó a La llave mágica (The Indian in the Cupboard, 1995) pero sobre todo a La bandeja del génesis (The Genesis Tub, parte de Threehouse of Horror VII, especial de terror de Los Simpsons en su temporada 8. ¡Si! el episodio de “yo voté por Kodos!”). Es básicamente lo mismo: una pareja descubre una civilización pequeñísima en su congelador, pequeño mundo que atraviesa todos los períodos históricos hasta su colapso. Si, quemado, pero tiene un nosequé.

Tres robots (Victor Maldonado y Alfredo Torres). Tres robots, que podrían ser tranquilamente personajes de Pixar, recorren una ciudad postapocalíptica tratando de dilucidar qué pasó con la humanidad. El final no es explícito, pero si es lo que yo interpreté es una maravilla tomada de un mito urbano. Mucho humor, ternura y diálogos de lo más ingeniosos.

La Testigo (Alberto Mielgo) Una chica presencia un crimen a través de la ventana de un hotel y se desencadena una persecución llena de adrenalina y con un ritmo implacable, en una ciudad de fuerte impronta cyberpunk. Y si la historia es atrapante, el final te deja como Zulma Lobato en el programa de Anabella.

Yogur al poder (Victor Maldonado y Alfredo Torres) Quizás uno de los más bizarros (¿Tanto o más que el de Hitler?), sintetiza en poquísimos minutos cómo el yogur (si, el yogur) termina por dominar el mundo (si, dominar el mundo).



¿Mi queja? Sí, claro, y espero que no se haga habitual: todos los cortometrajes son dirigidos por hombres. Ya no hace falta explicitar a qué apunta la queja dicho esto, creo. Son 18 Netflix, DIECIOCHO.

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