• Ayi Turzi

Midsommar y el humo de Aster

Actualizado: 30 de sep de 2019



En su momento, Hereditary no me había fascinado. Supe disfrutar de la historia, de algunos recursos visuales y empaticé con sus personajes, pero no para tatuármela en el pecho. Sin embargo, me despertó una especie de atención hacia su director, Ari Aster, y quedé a la espera de su próximo proyecto. Lo poco que había visto de Midsommar antes de ver la película completa me había generado una expectativa importante. Y enfrentarme a sus dos horas y media de duración fue todo dolor y frustración.

Primero lo primero: visualmente tiene una identidad única, y una búsqueda estética muy marcada, que intenta, a través de la composición de los encuadres, la paleta de colores y los movimientos de cámara, salirse del estándar y lograr un producto (por llamarlo de alguna forma) más elaborado. Ahora bien, y acá entramos exclusivamente en el campo de mi apreciación personal (porque qué es una crítica o reseña sino una opinión más o menos sustentada teóricamente), toda esa parafernalia no soporta nada, y se siente como un capricho. Se me hizo imposible empatizar con alguno de los personajes, nunca pude sentir ni intriga por qué les iba a pasar, ni incomodidad por estar rodeados de extraños en un lugar que les es ajeno, ni preocupación por los vínculos entre ellos mismos. Es decir: la película cuenta la experiencia de un grupo de amigos estadounidenses compartiendo una celebración (Midsommar, que se festeja cada 90 años) en una aldea alejada de Suecia. Salvo algunas pequeñas cosas de la trama, que no son resueltas, explicadas o desarrolladas, me daba igual lo que pasara. Sentí dos horas y media de ver colores y formas a través de un caleidoscopio, y la lentitud o banalidad de la trama no es lo que más me enoja. Lo que me fastidia es que no me movió un pelo nada, nunca. Nada me incomodó, me molestó, me dió miedo, risa. Nada. Si: se reconocer en qué momentos el director intentó movilizar al espectador. Pero, insisto, una crítica es una valoración personal, y cada segundo que corría sentía que estaba perdiendo el tiempo.

Entonces, ante la impotencia de tener mi vida en pausa sin recibir nada a cambio, empezaron a surgir preguntas. ¿Qué es el cine? ¿Qué es lo que esperamos cuando nos sentamos a ver una película? ¿Que nos cuenten una historia, que nos muestren imágenes inolvidables, que nos generen sensaciones? A excepción de algunos frames icónicos que de seguro recordaré mucho tiempo, Midosmmar no me dio nada de eso. No digo que no la vean, que es una basura, que Aster no pise un set nunca más. Digo que eso, para mi, no es cine: no me da nada de lo que espero de una película.

Aguante Rambo.

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